Desde chica tengo esta impulsiva tendencia a agrupar personas en base a características obvias, exageradas, pero muchas veces acertadas. Y por ser del bando de las nenas me es imposible no advertir a mis pares. Por que observar a los otros nos ayuda ha construir nuestra identidad, por semejanza, por rebeldía, por que "quiero tu cintura guacha", o por que "jamas usaría colores pasteles".
Las mujeres cosechamos intensas relaciones a lo largo de nuestras vidas: con nuestros padres, con nuestra muñeca (o cualquier otro juguete que ocupe su lugar), con nuestras amigas, nuestros amores platónicos, con los corazones rotos, los roles, los hijos, los nietos y demás.
Pero nadie escapa a la relación estrecha y muchas veces obsesiva que mantenemos con nuestro cuerpo.
Como envase lo llenamos de comida, de accesorios, de olores, de marcas, de polleras, pantalones, de cremas, de kilos, de estrigas, de liftings, de besos, de dietas, de ceras, de chocolates, de vicios, de regalos.
Todos proyectamos un cuerpo distinto. Mas flaco, mas alto, mas bajo, mas suave, con el lunar corridito, con tetas mas grandes, cola mas parada. Esta sintética descripción parece frívola, pero también contempla que no solo se trata de ítems dispersos, sino de la manera en que se conjugan con cada etapa de nuestra vida.
Hoy quiero reflexionar sobre nuestra relación con la actividad física. Hay quienes la aman, la odian, la ignoran, la predican, la evitan, la gozan, la piensan, y mas. He aquí algunos ejemplos:
La Señorita pectorales exhibe músculos que pocas conocemos. Vive para el gimnasio, al que acude diariamente incluso los fines de semana. Se baña 4 veces al día pero el jabón no aplaca su mantecoso satén. De depilación impecable, no concibe su cuerpo sin abdominales , toma mucha Gaterode y entrena de buena gana a todas las señoritas que ingresan por primera vez a un gimnasio, invitándolas a sus clases de body pump, body combat, aero box, y cuando tiene suerte a un barcito de palermo.
Pulcrita, es aplicada, come poco y sin exceso y logra mantener una rutina constante de actividad física. De pequeña mamá la inscribió en muchas clases de danza a las que acudió sin chistar y siendo una buena alumna incluso para tocar las castañuelas. Ya de jovencita mantuvo su cuerpo con 3 veces por semana de localizada, bicicleta, y streching.
Pero lo mas sorprendente es que la prolija no transpira, sus jogins (por que tiene muchisimos) siempre son impecables, y su sonrisa es casi tan moderada como la pasión con la que vive sus días.
La danzarina ochentera siempre ostenta alguna vincha. Su alegría a veces incomoda como el efecto de sus calzas de leopardo. Jamas haría un abdominal, pero se inscribe en cuanta clase de baile moderno se ofrezca. Se la ha visto moviendo su gelatinoso abdomen al ritmo de chinchines y derbakes, interrumpiendo a la profesora con su "conocimiento" sobre el ultimo compacdisc de shakira. La danzarina bailo salsa, merengue, brasilero, pop dance, hip hop, axé, y murga. Me comentaron que se inscribió en la escuela de Moria en busca de su nuevo totem: el baile del caño.
Las neogymzen siempre se pasan el dato, y logran su revelación espiritual a través de una amiga que le recomienda taichi, pilates o respiracion trascendental para cambiar su vida. Es así como poco a poco se convierten en adeptas a todas las practicas orientales en boga y a todos los recetarios de autoayuda a la venta. Generalmente esta búsqueda coincide con su menopausia y encuentran en esta actividad un refugio fresco que las alivia de su hoguera hormonal.
Si bien para la mayoría no es mas que una moda pasajera , algunas mujeres encuentran una verdadera afinidad y un camino interior en estas disciplinas.

La
homemade nunca visito, ni visitara un gimnasio. Pero a diferencia de otras tantas que no lo hemos hecho, la homemade milita activamente en contra de dicha institución. Cuando alguien le comenta lo bien que le han hecho las horas de bicicleta, ella tira una colchita al piso, levanta las piernas y las vira como loca mientras agitada repite que con este ejercicio se logra lo mismo sin gastar un peso. Homemade utiliza escobas, latas de tomate, bolsa de basura para transpirar, pelotas de tenis, respaldos de sillas, y arma rutinas con música que baja de la "compu".

La
retorica es la teórica de la actividad física. Le parece sano realizarla, le habla a los demás de su importancia, pero no logra jamas adquirir el habito. Al despuntar el Lunes se promete caminatas diarias que llegado el miércoles ya sabe que no va a cumplir. A veces se cuida, y llega a 50 abdominales que siempre se interrumpen por un libro sin terminar, la campanilla del msn, los ojos del perro que piden paseo, el olor a tostadas, o los chismes de una amiga. No es raro encontrar que las retoricas gustan de escribir (incluso sobre si mismas) y que los único que no le cuesta es ejercitar sus manos y su lengua.